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martes, 22 de enero de 2008

ESCALERAS...

Hace unos días volví a casa de mis padres, ahora sin nadie, donde viví mi infancia.

Es una casa de seis pisos más el bajo, ascensor, y una ancha escalera que sube y baja pegándose a las paredes, dejándo un hueco en el vacío que une los pisos. Cada piso tiene seis puertas.
Yo no tenía que subir sino bajar. Vivía en el bajo, el septimo piso. Desde la calle, desde el portal, subía un tramo de escaleras para luego, pasando al lado de la porteria bajar un piso por estas escaleras de frío mármol y piedra, recorriendo tres tramos, cambiando de dirección en cada uno de ellos, mientras iba bajando, a derechas.

Esa tarde bajé despacio, con mi hija, y mientras, notando ese silencio solo roto por nuestros pasos, me hizo sentir un frio helado de recuerdos. Me agradaba sentir mis pasos. Me gustaba estar por donde iba, pero como un sueño no olvidado se venían imágenes a mi mente.

Yo tenía diecisiete años cuando murió mi abuelo, nacido con el siglo pasado, en 1900, como mi otro abuelo y murío a pocos pasos míos, en su habitación. Los infartos pasados, y sus enfermedades, no le dieron tregua ese veintidos de diciembre, y como cruel lotería, le hizo expirar en su cama, en la casa donde había vivido la mayor parte de su vida.

Diez años después, el filo ruido de la muerte en estertores se llevo una madrugada a mi madre, que dormía en la habitación de al lado, junto a mi padre. Ella nunca estuvo en una cama de hospital, enferma. La unica vez quizás fue cuando yo nací.

Los dos velatorios fueron constumbristas, de anteriores épocas, en casa. Esos dos ataudes salieron por la misma puerta, despues de noches tristes, mirándonos unos a otros, sin saber que decirnos, sin vernos las caras por los lamentos y las lágrimas. Ataudes que subieron por las escaleras, hasta llegar al piso de la calle. Recorriendo los tres tramos empinados, para luego llegar a los pasillos que nos llevaban al portal. Un camino que no era distinto, pero sí para siempre.

¿Seguimos bajando o no?, me dijo mi hija.

Sin querer, me había parado.

La muerte no sabe de domicilios, no sabe de direcciones, pero, si pudierais saber desde donde dejar esta vida, ¿desde dónde escogeríais?

28 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahora escribes de noche. Pues que sepas que me has dejado triste. Me haces plantearme cosas que nunca me hubiera planteado. Y sabes, escogeria sola, lejos de los demas.

ROCIO.

E.G.H. dijo...

Joer chaval, si pongo alguna falta es por que me pones los pelos de punta según lo cuentas. Yo he estado en esa fría escalera....que te doy la razón.... es fría, pero seguro que tendrías también algún recuerdo bueno cuando bajabas las escaleras y andabas por el pasillo ese, a veces con el olor a cierta humedad tipo bodega y otras con olor a cocido ò a esos torreznos que yo he comido y que esa señora alta y rubia que era mi tía los hacia también.
un abrazo E.G.H.

amina dijo...

Tengo que contestar a Arturo por algo que dijo ayer... y me salgo del tema de hoy.
Arturo, entendí algo que me dijeron una vez, en este mundo tan hipócrita: "a esos no hay que pararle los pies ni decirles las verdades porque entonces si que peligra el bien común". Se revuelven iracundos contra todo si se les para con la verdad, y aunque tu asumas las consecuencias puede haber más gente alrededor que te importe y ellos no están dispuestos, tal vez no puedan con semejantes energúmenos. Tienen que seguir siendo sus lacayos, lo tienen asumido, quieran o no quieran, solo saben hacer eso. Si tu eres sincero las consecuencias a veces no las pagas tu porque ya las conoces y las asumes, las pagan otros; realmente esa gente son chantajistas, aunque no te calles siempre utilizarán al más débil como escudo para protegerse de ti. ¿Qué hacer entonces? pues lo de siempre, lo difícil, buscar el equilibrio, andarte con pies de plomo para decir las verdades y que sepan que tu ya no les crees, que no les obedeces, pero intentar ser tan sutil, habilidoso, como para que no se den la vuelta y le den la bofetada al que tienen detrás, al más débil. Filigranas para buscar la verdad, para ser consecuente contigo mismo, para serte sincero y libre.

Las consecuencias en mi caso suelen ser dos... esa persona se aleja (al contrario que Kiko no me importa perderla cuando he abierto los ojos y visto sus tretas) y el resto te piden que rectifiques, que mientas por el bien común, entonces: Tu mismo.

Sobre el tema de hoy, siento decir que soy casi insensible. Las escaleras de mi infancia no me recuerdan un ataud bajando sino los juegos infantiles, las carreras, las rodillas destrozadas intentando bajarlas de cuatro en cuatro, después de cinco en cinco, después de seis en seis... hasta que llegas a la pitera con el pasamanos. No recuerdo salir por ellas con mis primeros tacones, no recuerdo salir para irme de esa casa definitivamente, no recuerdo salir con mi traje de novia, solamente recuerdo aquellos juegos infantiles y ahora hace mucho, mucho tiempo que no voy, el barrio debe de haber cambiado mucho, pero si algún día vuelvo, creo que solo recordaré la infancia.

Saludos y buenos días a todos.

amina dijo...

Vaya rollo que he soltado.

DIÓGENES dijo...

Amina... ¿rollo?... en absoluto.

Besos.

noe78 dijo...

Buenos días,
mis recuerdos de escaleras siempre han sido felices...
Recuerdo la casa de mis abuelos, una casa enorme de 4 plantas donde mis padres vivieron conmigo hasta que nuestra casa estuvo terminada, más o menos dos años estuvimos allí pero incluso despues de mudarnos yo sentía esa casa como mia...conocía todos sus rincones y lo que más me gustaba era deslizarme por la larguísima barandilla de madera un piso tras otro, como es fácil suponer con los gritos de mi abuela de fondo adviertiéndome que un día me iba a matar pero yo me reía más que nunca al oirla porque estaba muy segura de que no caería...
Años después, cuando ya no era tan divertido lanzarse por la barandilla descubrí que me esa misma escalera me conducía a una buhardilla secreta...había estado allí siempre, pero era territorio privado de mis tias, allí fumaban a escondidas, hablaban de chicos y se huían de mis abuelos como todos los adolescentes, estaba llena de cojines de colores, velas, discos y todo lo que para mí era excitante por lo prohibido y lo desconocido que era...
Ya en mi casa también habían escaleras pero para mí suponían toda una liberación.Mi casa tenía dos plantas, abajo la vivienda y arriba los dormitorios y yo siempre buscaba la soledad de mi habitación para dibujar, para leer, para vestirme con la ropa de mi madre sin que nadie me molestara...
En cuanto a la pregunta final...no me gusta plantearme ese tipo de cosas pero ahora que me has hecho pensar, querido Diógenes, creo que me gustaría que fuera en mi casa, con los mios...no me gustan los hospitales, ni los tanatorios...me parecen frios, tristes e impersonales y bastante fría y triste es la muerte de por sí...
Un beso.
Noelia

Anónimo dijo...

He pasado por aqui y he leido a Amina. Este libro es bien interesante:
VÍCTIMA DE LOS DEMÁS, VERDUGO DE SÍ MISMO
Autor: Corneau, Guy

Psicología

Descripción
«Inevitablemente, casi inevitablemente, llega un momento en la vida en que no podemos más…». Entonces, nos sentimos deshechos, víctimas de los demás y, al mismo tiempo, verdugos de nosotros mismos; incapaces de salir de la cárcel de nuestros miedos.

¿Y si precisamente este momento difícil y delicado fuera la ocasión para liberarnos, para convertirnos al fin en creadores conscientes de nuestra propia vida?

Guy Corneau nos invita a seguir este camino con una sencillez familiar y luminosa. A modo de guías en las etapas de nuestra transformación interior, Corneau nos presenta a los fascinantes dioses de la mitología egipcia: Osiris el glorioso, Seth el destructor, Isis fuente de vida… Ellos nos ayudarán a comprender las ricas y complejas situaciones que vivimos. Las actitudes de víctima, de verdugo o de salvador se perciben entonces como papeles limitadores de los que cada persona puede deshacerse para reconciliarse consigo misma. Y, poco a poco, aparece en nosotros un gran sol. Dejarlo brillar y desplegar nuestras alas como Horus, el halcón de luz, depende de nosotros mismos.

Guy Corneau recurre tanto a la psicología profunda como a la espiritualidad. Pero su enseñanza brota asimismo de su experiencia personal. No nos ofrece aquí un curso magistral teórico sino que nos invita a participar en la verdadera danza de la vida.

Víctima de los demás, verdugo de sí mismo constituye una nueva etapa en la obra de Guy Corneau, autor de numerosos libros que han conquistado al público internacional.

OSIRIS

amina dijo...

Uy, uy... debo parecer muy tremendista. Que no es para tanto, que creo que son cosas que asumo como realidad, cosas que pasan y que hay que apechugar (si yo tuviese una buena pechuga...) con ellas. Igual que el trabajo, ¿o es que a todos os hace sentir tremendamente realizados vuestro trabajo?

Aún siento un cierto reparo hacia esos libros de "autoayuda", los psicólogos, el yoga, el buscar la paz de mi espíritu, etc. solo acaban poniéndome de los nervios.
Después tengo otro problema con los libros ¿cuándo los leo? si cuento mi vida diaria y alguien quiere buscarme un hueco para leer tendrá que ser por la noche... mejor me lo grabo.

Y el tema, que soy muy bruta y siempre saco los pies del tiesto, era dónde queríamos morirnos. Respondo: yo en ningún sitio.

Por ahora, que tampoco es que vaya a querer ser inmortal, pero es que soy tan jovencita como para pensar en esas cosas.

Manqueospese. dijo...

Noe, quizás sea la muerte la que haga esos sitios fríos y tristes. Te puedo asegurar que hay sitios mucho peores que un hospital para morir.

Yo, pensé lo mismo que tú amina. ¿Por qué voy a decir dónde quiero morirme, si no tengo pensado morirme ahora? Pero hablando sobre supuestos (no el de morirte, que finalmente ocurrirá)(¡¡¡pero dentro de mucho tiempo!!!!), que es donde nos lleva Diógenes, pienso que quizás el mejor sitio, es teniendo cerca a las personas queridas. Lo de menos sería el lugar. Pero esto tampoco contesta a la pregunta de Diógenes…

¿Dónde? Desde que estoy pensando en el tema, instintivamente, me sale una montaña muy alta, donde corre una leve brisa de aire… tumbado sobre la hierba. No me preguntéis porqué. Ya que nos vamos a morir, que sea a lo grande.

Besos.

Tengo que decir que he escrito esto escuchando The power of love de Jennifer Rush, y he sentido un cosquilleo por la espalda... Quizás faltaría esta canción en lo alto de la montaña.. je je.

noe78 dijo...

Querido Manqueospese,
sé que tienes razón pero por suerte en esas casas que yo mencionaba no murió nadie, fueron los mejores años de mi vida, mi niñez y sólo hay buenos recuerdos, trastadas de infancia y muchas risas.
Claro que si me empeño puedo recordar cosas tristes, por desgracia he perdido familiares directos, algunos mayores y algunos muy jóvenes....puede que yo sea superficial por decir lo que voy a decir (y no quiero que nadie piense que no me entristezco, que no lloro al recordar, que no siento pena) pero por mi naturaleza, por mi forma de ser, tiendo a recordar las cosas buenas, tengo que hacer un esfuerzo por recordar las malas.
Al leer a Diógenes hablando de escaleras y recuerdos me ha venido a la mente todo lo que he contado, por suerte no tengo en la memoria ningún ataud bajando por una escalera...
En cuanto a lo que cuentas de la montaña, la verdad es que sería bastante bucólica una muerte así, podría decirte que hasta deseable pero creo que por comodidad y poniéndonos algo tétricos y prácticos al mismo tiempo, llegado ese momento no creo que nuestro cuerpo esté para muchas florituras, supongo que la comodidad de una cama es lo más deseable...en cuanto a la música...esa que indicas me parece bien pero...te recomiendo esta...

http://es.youtube.com/watch?v=JQuksPhbUMc

Un besazo guapo.
Noelia

Bombing dijo...

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquier otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
CORTÁZAR, Julio

Manqueospese dijo...

Preciosa versión. Gracias, Noe. Pero ya lo has conseguido y me has hecho llorar. Por cierto, no conocía a Eva Cassidy. Soy así de inculto. Gracias por presentármela.

Recuerdo a una profesora de música en el instituto, llamada Nines (un saludo dónde estés), que siempre nos decía que el día de su muerte, quería que pusieran el Requiem de Mozart.

Quizás lo ideal, para acabar de situar un sitio, sea estar en una cama, acompañado de los tuyos y que tu espíritu se eleve a esa montaña.

Por cierto… ROCÍO, ¿Por qué sola? Me llena de tristeza pensarlo. Sé que es una cuestión que no vamos a poder elegir, pero ya que nos ponemos, ¿Por qué eliges sola?

Y hablando de escaleras, las que recuerdo con agrado, eran las del piso de un amigo que hace mucho tiempo que no veo y que nos llevaban a la terraza de su bloque donde pasábamos las horas muertas, mirando a la vecina, jugando al ajedrez (siempre perdía) y escuchando una y mil veces cassettes de Dire Straits.

Besos.

Noe, los piropos sonrojan a todos. De todas formas, sinceridad, por favor… jajaja. (La ciega de mi barrio, me dice lo mismo).

Manqueospese dijo...

Bombing. Buenísimo!!!

arturo dijo...

Querida Amina: Tengo que reconocer que llevas razón en el planteamiento que has hecho. Se pone en cuestión entonces otro dilema a saber: ¿Hasta que punto tengo que transigir para que otros que me importan no sufran...? Entramos en el plano sentimental y entonces el mundo se hunde bajo nuestros pies. ¿Cuanto quiero a los demás para sufrir yo personalmente lo que a todas luces es injusto...? ¿Acaso cuando todos no estan contentos con un tip@ como es@s se le puede llamar bien común? En fin, como en todo, la opción de elegir con las consecuencias que ello conlleva. Un saludo para tí.
Con respecto al tema de hoy, me gustaría morirme en paz conmigo mismo. El lugar al lado de un rio sintiendo la brisa de la naturaleza y el canto de los pajaros. Pero ya se encargaran los funerarios de que eso no sea así. Espero que la parca tarde mucho tiempo en acordarse de que estoy pululando por aquí todavía. Un saludo a todos.

Yolanda dijo...

Al aire libre, en medio de la naturaleza... tal vez en una duna del desierto y debajo de una estrella... de esa estrella.

Bueno... creo que lo importante no es donde sino como. A mi me gustaría morir en paz, entendiendo justo un segundo antes de expirar el sentido de la vida. Y sin dolor, claro.

Anfar dijo...

Cuando llegue, llegará. Vamos, que no tengo ningún interés en invitarla a venir. Y si pudiera elegir, que me temo que no va a ser así... pero, si pudiera elegir, me gustaría que fuera rápido y, como dice Yolanda, sin dolor.

P.D. Sentido post "maestro".

Noa dijo...

Bombing, cuando he leído el principio de la entrada de hoy, me ha venido a la mente la misma descripción de Cortázar. Que por cierto, es buenísima, evidentemente.
Arturo, qué razón tienes con lo de morir en plena naturaleza, pero lo de los funerarios... es más bien después, digo yo. :-))

Anónimo dijo...

Hola manqueospese,

Sola, porque no me gustaria que nadie me estuviera mirando y no me gustaria ver a gente llorando o triste en ese momento junto a mi.

ROCIO

Lula M. dijo...

Después de haber visitado este fin de semana pasado en dos ocasiones el tanatorio de la M-30, mi pareja y yo llegamos a un acuerdo: si alguno de los dos se va, el otro organizará una celebración en casa a la irlandesa, con los amigos y seres cercanos bebiendo cerveza y brindando por la vida y por el homenajeado, repasando anécdotas y recuerdos, y riendo, riendo agradecidos al tiempo que pasamos al lado de él/ella.

Beso,
Lula.

p.d. La opción de una muerte rápida y sin sufrimiento es la mejor, si pudiera elegir. Nunca me gustaron las despedidas.

noe78 dijo...

Manqueospese, me alegra haberte podido presentar algo tan bueno y tan interesante, siempre es un placer compartir lo bueno con los amigos.No te llames inculto por no conocerla, no quiero ni pensar todo lo que yo no conozco y es interesante...lo bueno de esta vida es tener siempre algo nuevo y motivador que descubrir...estoy a tu disposición para seguir presentándote todo lo que gustes pero...también estoy abierta a aprender así que...espero tus sugerencias.
Si esas lágrimas que me dices has derramado son de emoción, bienvenidas sean...sólo espero que no hayan sido de tristeza.
En cuanto a lo de los piropos...es algo que creo que nunca cambiará en mí, no sólo me sonrojan, es que me cuesta creerlos pero...los valoro, sobre todo dependiendo de quien vengan y, estamos de acuerdo, sinceridad por favor.
Un besazo pa'ti.
Noelia

Kiko dijo...

Si pudiera escoger, mientras me valiera por mi solo, prefiero no morir, pero en el momento que tenga que depender de otros y en las cosas mas elementales no me vea capaz de hacerlas, prefiero morir. ¿El modo?, rapido y sin enterarme, durmiendo puede ser el momento. Pero sobre todo, morir antes que mis hijos, ver morir a un hijo debe ser la peor experiencia de la vida.
Lula, nunca he comprendido los funerales anglosajones, maldita las ganas que tiene o tienen los familiares y amigos del muerto de hacer una fiesta, lo siento pero no me entra en la cabeza cuando lo veo.
Si se es muy religioso lo podria comprender, porque, según los creyentes, te vas a una vida mejor, pero en mi caso, que tengo clarisimo que tras la muerte no hay nada, significa el fin de un ser que quieres, al que no vas a volver a ver, ni a compartir tu vida, ni a nada mas.

un abrazo.

Lula M. dijo...

Bueno, Kiko, es una manera de verlo. Sin pretender (ni mucho menos) intentar convencer a nadie de nada, te explico los motivos de mi (nuestra) idea.

Para mí la vida es un regalo, poder disfrutar de la compañía de los seres que me quieren y a los que quiero es un regalo, y eso es algo que tengo (tenemos) siempre muy presente. Ninguno de los dos somos religiosos, en absoluto, y quizás por eso seamos más realistas con respecto a la muerte. La tristeza que produce la muerte de un ser querido es algo que no te lo quita nadie y que hay que aprender a llevar (cada uno a su manera) y es algo que siempre, siempre, te acompañará. Pero eso no quita (al menos para mí) para que seas consciente de la suerte que tuviste de poder compartir parte de tu vida con esa persona, de conocerla, de disfrutarla, aunque ya no puedas volver a hacerlo, pero parte de su ser estará en ti porque habrá dejado su huella en tu forma de ser y de sentir.

Cada uno nos enfrentamos a la muerte a nuestra manera y creo que es importante dejar espacio a los sentimientos, sean éstos de la naturaleza que sean, que nos inunden y nos hagan querer morir también, pero sin olvidar la suerte que tuvimos de conocerle y compartirle.

Un reunión de ese tipo no pretende que acaben todos bailando sevillanas, pero sí será un bonito homenaje a él/ella y a su recuerdo.

Un beso,
Lula

Anónimo dijo...

Lula, estoy contigo en todo lo referente a lo que la vida es un regalo, a que es una suerte compartir la vida con las personas que quieres, a los recuerdos perennes que te (nos) quedaran, pero me es imposible celebrar nada con los sucesos tan recientes. Muy posiblemente (de hecho en el caso de mi familia es asi) transcurridos unos meses, en reuniones, comidas o algun acontecimiento que reuna a familia y/o amigos si que se recuerde a esa persona, se comenten los buenos momentos y se brinde por ella. El tiempo hace que hasta puedas reir al recordar lo bien que lo pasasteis en algunas ocasiones, pero tan reciente...
Es mi parecer, pero el tuyo me parece tan o mas respetable que el mio, solo que no podria actuar de ese modo.

un abrazo

Kiko dijo...

el comentario anterior es mio

Kiko

Lula M. dijo...

Creo que la cuestión está en la palabra “celebración” y en las “risas” a las que yo me he referido. Yo me dejo inundar por mis sentimientos y no sé llorar sin reír, ni reír sin llorar. Mi alegría está tan cerca de mi tristeza que a veces se confunden (y se funden, también). Pero bueno, esto es una cosa mía muy particular.

En cualquier caso, mi comentario es absurdo de base. No se pueden tomar decisiones de ese tipo por adelantado y habrá que hacer en el momento lo que el cuerpo pida, siendo sinceros con los sentimientos que tengamos en su día. Pero a mí me gustaría que cuando no esté se haga una reunión de ese tipo, aunque de nuevo pienso que es absurdo porque entonces ya me importará un carajito lo que se haga o se deje de hacer en esta vida (que es la única que hay por el momento).

En fin, que nada es tan importante y lo que sí que hay que hacer es disfrutar mientras respiremos. Llegará un momento en que ya no lo hagamos (ninguna de las dos cosas).

Beso,
Lula.

yolanda dijo...

Hay un poema que me inspirado muchas veces y que creo que expresa algunas de las cosas que habeis dicho... os lo dejo... besos.

LA VIDA SENCILLA

Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes -papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento-
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos...
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

Octavio Paz

Manqueospese dijo...

Rocío. Pienso que tanto lo bueno como lo malo que nos pasa, es bueno compartirlo con los seres queridos. La muerte es el adiós y sinceramente no me gustaría irme de viaje y que nadie estuviera allí para despedirme. Quizá sea un poco egoísta, pero también lo es el no querer que la gente que te quiere esté a tu lado.

Y si no, ¿quién crees que sufriría más: tú al tener a tus familiares cerca o ellos al no poder estar a tu lado?

Un beso.

Snowhite dijo...

En un lugar confortable de preferencia.

Snowhite