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viernes, 29 de agosto de 2008

CARTA I

Calypso and Odysseus.Erich Von Kugelgen.


Estimado Diógenes,

Ha pasado mucho tiempo.

Son varios años ya de ausencia de mi extraña Ítaca. Es un alejamiento no físico, no buscado. Ay, las búsquedas, no entremos ahora en ello. Mi cuerpo ha merodeado como un espíritu desalojado de su ser. El reino era el mismo, la reina, la princesa… las quiero.
Pero el camino invadido por la niebla me anunciaba una ruta sin conocido retorno. ¿A dónde?... No lo sé.

Sólo la Musa que conoce la historia de los hombres, conocerá la mía. Musa conocedora de senderos, de ciudades, de dolores, de talantes y de hombres.

Porque en la insensatez del hombre está su camino y en él sucumbe como víctima de su propio destino. Sí, ya me lo has dicho en ocasiones. El destino lo hacemos nosotros, pero Diógenes, tú lo sabes, hay una parte de él que domina la Musa, hija de Zeus.

Dirás por qué te mando este mensaje, por qué me dirijo a ti, pero es que eres la única persona a la que he conocido durante este tiempo con males semejantes.

Muchos son los que regresan a casa escapando de la guerra y del mar, pero yo no sé ya mi camino. Qué duro es el privarte del regreso.

Preciosa era la ninfa Calipso, diosa de su propia cueva, en cuyas concavidades me retuvo en un principio. Ésto, Diógenes, fue al principio del camino. Calipso era un dulce dama, de grácil estar, bella, estilizada y divina como todas las diosas.

No creo en los dioses, también lo sabes, pero sé que se reunieron para hablar de mi destino. Todos se comparecieron de mí, excepto Poseidón. Nunca me gustaron sus aguas profundas. El hecho de no hacer pie, ya me incomoda.

Cómo culpan los mortales a los dioses, decía Zeus, pero solo ellos por su estupidez soportan los dolores más de lo que corresponde. ¡Cuándo aprenderé Diógenes! Cuándo aprenderé. Cuánto he sufrido por los demás sin importarme apenas mi sustento, cuanto me he quitado, cuanto he dejado sin ver, sin oler, sin sentir, por el hecho de tener en buena vida a mis acompañantes. Sé que ya no lo hago, ni lo haré. ¡Cómo se aprende!.

Dicen que fue a Atenea a quien se le acongojó su corazón endiosado por mi eterna desdicha, y fue la que me miró en aquella isla donde me retenía la hija de Atlante, Calipso. Donde me sujetaba con quejas, dolores, lamentos, depresiones, ansiedades diversas. Donde una vez encadenado no podía escapar, no tenía fuerzas, no sé si la debilidad era manifiesta o era invadida por esa extraña cobardía que nos acompaña cuando no nos atrevemos a romper con algo. ¿Acaso no te pasa? Seguro que tienes algún conocido atado por apegos que no lo son, pero él cree que sí. Esclavo de cadenas que sólo ve él. Pero que en todos nos existen en algún momento. ¡Qué dificil!

Sé que Zeus no me odiaba, no le creo capaz. Pero si existe el que conduce su carro por la tierra, Poseidón, ese sí que me odia. Será por privarle el ojo a su hijo. Será por esos daños que hacemos en la vida y no vemos. Quién es entonces Polifemo sino cualquiera de nosotros. Yo también, como tú Diógenes, habré hecho mucho daño. Lo sé. Pero si alguien se arrepiente de lo hecho y de lo no hecho, soy yo.

Me cuentan que a Ítaca descendió Atenea con sus sandalias inmortales, su lanza guarnecida en bronce y vio a los pretendientes jugar a los dados, esperando. Yo no lo creo, mi princesa me adora, me quiere, y aunque no vea lo que era, sabe que soy yo, que aun estando lejos, estoy junto a ella, siempre.

Ahora, estoy a las afueras del oscuro bosque, y espero a Hermes.

Vendrá…

Tu amigo,

NADIE.

9 comentarios:

ARTURO dijo...

Querido Diógenes:
Una vez leída tu carta, solamente me queda transcribir un poema de Constantin P. Cavafis (1.911) para que quizás no sientas tanta añoranza por tu querida Ítaca.

"Cuando emprendas el viaje hacia Itaca,
ruega que tu camino sea largo
y rico en aventuras y descubrimientos.

No temas a lestrigones, a cíclopes o al fiero Poseidón;
no los encontrarás en tu camino
si mantienes en alto tu ideal,
si tu cuerpo y alma se conservan puros.

Nunca verás los lestrigones,
los cíclopes o a Poseidón,
si de ti no provienen,
si tu alma no los imagina.

Ruega que tu camino sea largo,
que sean muchas las mañanas de verano,
cuando, con placer, llegues a puertos
que descubras por primera vez.

Ancla en mercados fenicios y compra cosas bellas:
madreperla, coral, ámbar, ébano
y voluptuosos perfumes de todas clases.

Compra todos los aromas sensuales que puedas;
ve a las ciudades egipcias y aprende de los sabios.

Siempre ten a Itaca en tu mente;
llegar allí es tu meta; pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure mucho,
mejor anclar cuando estés viejo.
Pleno con la experiencia del viaje
no esperes la riqueza de Itaca.

Itaca te ha dado un bello viaje.
Sin ella nunca lo hubieras emprendido;
pero no tiene más que ofrecerte,
y si la encuentras pobre, Itaca no te defraudó.

Con la sabiduría ganada, con tanta experiencia,
habrás comprendido lo que las Itacas significan".

Un saludo a todos.

Yolanda dijo...

Que grande Cavafis y que belleza de poema (aunque no estoy de acuerdo con lo de los lestrigones, que a fé mia que son de mucho temer) :)

Pero si... Itaca nos ha dado un bello viaje.

Conozco una guapa mocita que dice más o menos lo mismo que Cavafis pero cantando:
http://es.youtube.com/watch?v=qNHpU-ebgXY

Besos.

ARTURO dijo...

Gracias Yolanda. Es una canción muy bella. Me ha gustado mucho su letra.
Besos.

Manqueospese dijo...

Jo, Yolanda, que preciosidad de canción. Gracias por traerla.

Besos.

Yolanda dijo...

Y de lo linda que es la muchachita que la canta ¿no decís nada? ;)

A ver si alguno se anima con un piropo a esos ojos negros :)

Besitos para los dos.

ARTURO dijo...

No te preocupes Yolanda le voy a dedicar un piropo "chulo":
"Si sus ojos fueran una cárcel condenaría mi alma a cadena perpetua".
Espero que te haya gustado o este otro:
"Desearía ser una lágrima tuya, para nacer en tus ojos, vivir en tus mejillas, y morir en tus labios".
o también éste poema:
"oscuros ojos cielos tatuados por la luna
de ventanas dormidas e inquietas madrugadas
ojos rasgados por un beso, rasgados por el viento..
son mares del silencio, son horas del océano,

tus ojos de azabache abrigados por los mares
tejen las noches más oscuras y alcobas otoñales
tus ojos son la aurora de pupilas mojadas
las primaveras tiernas que miran a la luna

tus oscuros negros ojos ajados del rocío
son las caricias tiernas de un mudo amanecer
son gritos del silencio de mil caricias al viento
son cantos de alegrías bordados por el tiempo

tus ojos que me miran que miran mis sentidos
son guardianes de un gesto bordados por tus besos
son los ojos del áster, de un claro amanecer,
enroscados de nostalgias cuando me besas, tu..

tus ojos se deslizan, inquietos , en las lloviznas rotas..
tus ojos son las gotas de aquel lucero caminante
tus ojos de azabache oscurecen, del rocío, las gotas
y son testigos mudos de dos fieros amantes..

aquellos ojos negros me miran cuando duermes,
oscuras madrugadas del cielo de tus sueños..
oscuros ojos negros de otoños atildados
descubren en las noches auroras sin tus besos

tus ojos lloviznados de mieles en mi alcoba
mirando a las estrellas dibujan otras lunas
y cuando el cielo duerme son rojas rosas notas
que despiertan silencios pintados de aceitunas

tus ojos negros son lloviznas de cielos cuando me besas, tu…"

Besos.

Odiseo de Saturnalia dijo...

Bella palabras y bellas canciones...

Arturo, varias veces ya, he leído el poema de Cavafis y no será la última. Gracias por traerlo aquí.

Yolanda, tu guapa mocita, en fin... ¿es ninfa o sirena? Manqueospese nos lo dirá.

Besos y abrazos.

Yolanda dijo...

Menudos piropazos, Arturo... ahora solo falta que la mocita se entere y se enternezca... entonces la tendrás en el bote ;)

Diógenes... ni ninfa ni sirena, creo que es de la tribu de los triunfitos :)))))

Mas besicos.

Margaret dijo...

Gracias por la carta y gracias por el poema de Cavafis, que no conocía. Me siento tan identificada que me he emocionado. gracias.