
Estimado Diógenes,
Dieciocho días llevaba navegando cuando vi tierra. Mas cuando ya mis pies soñaban con distinto suelo que no fuera de madera vino el de siempre, Poseidón, que con sus mismas tormentas me arrojó a las aguas. No sé si alguna vez viste pasar la muerte en el mar, pero el viejo marinero decía que morir en las aguas era mucho más inhumano. El decapitado muere una vez, más el marinero zozobrado muere dos, una cuando se hunde, y otra ahogado.
Gracias a aquella extraña ninfa marina, Leucotea, y su velo inmortal, logré alcanzar la playa. Por mis propios medios no podría haber estado dos días esperando la orilla y me habría encontrado cansado, casi inerte, o esperando la muerte del suicida.
Aqueos y troyanos morían igual. Aqueos y troyanos, deseaban la muerte de distinta manera, independientemente de sus banderas.
Muchos lamentos he oído pidiendo la salvación, en la vida, entre cuerpos mutilados que yacían en el campo después de la batalla. Algunos también he oído pidiendo que les ayudara a morir.
Dime tu Proteo, a la orilla de tu reino, quién tiene razón, quién puede decidir por su propia muerte.
¿Debemos dejar a Ares y sus leyes de la guerra que decida por nosotros?
¿Debemos dejarnos morir por la ira de los dioses que encendió Prometeo, sin hacer nada?
Es triste ver morir a tu amada, a tu amigo. Muy triste es oír que te pidan la muerte.
Qué fácil es para los dioses el destino.
Cansado estoy ya en la costa de Esqueria, rodeado de olivos y acebuches… una cama de hojas me he hecho.
Cuídate.
NADIE.
Dieciocho días llevaba navegando cuando vi tierra. Mas cuando ya mis pies soñaban con distinto suelo que no fuera de madera vino el de siempre, Poseidón, que con sus mismas tormentas me arrojó a las aguas. No sé si alguna vez viste pasar la muerte en el mar, pero el viejo marinero decía que morir en las aguas era mucho más inhumano. El decapitado muere una vez, más el marinero zozobrado muere dos, una cuando se hunde, y otra ahogado.
Gracias a aquella extraña ninfa marina, Leucotea, y su velo inmortal, logré alcanzar la playa. Por mis propios medios no podría haber estado dos días esperando la orilla y me habría encontrado cansado, casi inerte, o esperando la muerte del suicida.
Aqueos y troyanos morían igual. Aqueos y troyanos, deseaban la muerte de distinta manera, independientemente de sus banderas.
Muchos lamentos he oído pidiendo la salvación, en la vida, entre cuerpos mutilados que yacían en el campo después de la batalla. Algunos también he oído pidiendo que les ayudara a morir.
Dime tu Proteo, a la orilla de tu reino, quién tiene razón, quién puede decidir por su propia muerte.
¿Debemos dejar a Ares y sus leyes de la guerra que decida por nosotros?
¿Debemos dejarnos morir por la ira de los dioses que encendió Prometeo, sin hacer nada?
Es triste ver morir a tu amada, a tu amigo. Muy triste es oír que te pidan la muerte.
Qué fácil es para los dioses el destino.
Cansado estoy ya en la costa de Esqueria, rodeado de olivos y acebuches… una cama de hojas me he hecho.
Cuídate.
NADIE.