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jueves, 28 de febrero de 2008

BANQUETE...

No nos fijaremos en el banquete organizado por el poeta Agatón para celebrar sus victorias en las fiestas Leneas. Y no nos centremos en los posteriores elogios a Eros, por mucho que Fedro lo tenga en su mente. No, no limitemos el tema de hoy a después de los postres.

Pensemos sólo en el ágape, que no agapé (del que otro día hablaremos).

Empecemos ya la fiesta, la celebración, la semana ígnea donde dentro de siete días quizás me queme. Ya queda menos. Dejad que la gula nos invada, nos corroa el alma. Olvidad dietas y sermones, adelgazamientos y cualquier otra flaqueza. Hoy, por un día, pensemos sólo en comer.

Y digo yo, ¿dónde os planteo el juego?

Bien, establezcamos jornadas interminables donde cada uno de vosotros será el anfitrión, y como tal y único deber será agasajar al resto con comida. Pensad que tenéis despensas llenas, neveras hasta arriba, y vuestro único requerimiento es hacer, lo que deseéis hacer, sólo con vuestras manos.

Empezaré yo, antes que alguien me pida que me moje.

¡Qué me perdone doña Cuaresma!

Sólo habrá brasas, carne y buen vino. Ensaladas de piquillos, cangrejos de río en salsa, alguna seta a la plancha, mientras, se hace lo único. Ya se quema el sarmiento, las piñas, y alguna que otra madera, ya se forman las ascuas… y encima, careta de cerdo, costillas, chuletas, morcilla, chorizo y panceta. En el medio algo de verde, lechuga y cebolla y algún tomate para dar color. Y mientras, qué va a ser sino… Ribera.

Bien, este será mi ágape para vosotros, ¿os atrevéis a narrar el vuestro?

Ahora, os dejo con unos versos de protesta femenina ante la pretensión que navega en la incomprensión masculina, y donde, por cierto, se habla de un banquete,


“Tú me quieres blanca” Alfonsina Storni (1892-1938)

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar,
que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue,
corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.

Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lévate al alba.

Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

martes, 26 de febrero de 2008

VANIDAD...

... de El Principito (Antoine de Saint Exupéry)


La vanidad es una excesiva confianza que nos hace colocarnos por encima de la capacidad de otras personas.

Es un orgullo de cosas vanas, una religión particular en la que muchos creen y se idolatran a si mismos.

La leyenda nos habla de Narciso, hermoso joven enamorado de si mismo al ver reflejada su imagen en las aguas de una fuente, que acabó en el agua, donde creció la flor que lleva su nombre.

Freud nos habló también de una edad muy temprana en los niños en la que se enamoran de si mismos.

Y Nietzsche también escribió: "La vanidad es la ciega propensión a considerarse como individuo no siéndolo..."

¿Acaso pensáis que sirve para algo la arrogancia?




* * *



-¡Ah! ¡Ah! ¡Un admirador viene a visitarme! –Gritó el vanidoso al divisar a lo lejos al principito.
Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
-¡Buenos días! -dijo el principito-. ¡Qué sombrero tan raro tiene!
-Es para saludar a los que me aclaman -respondió el vanidoso. Desgraciadamente nunca pasa nadie por aquí.
-¿Ah, sí? -preguntó sin comprender el principito.
-Golpea tus manos una contra otra -le aconsejó el vanidoso.
El principito aplaudió y el vanidoso le saludó modestamente levantando el sombrero.
"Esto parece más divertido que la visita al rey", se dijo para sí el principito, que continuó aplaudiendo mientras el vanidoso volvía a saludarle quitándose el sombrero.
A los cinco minutos el principito se cansó con la monotonía de aquel juego.
-¿Qué hay que hacer para que el sombrero se caiga? -preguntó el principito.
Pero el vanidoso no le oyó. Los vanidosos sólo oyen las alabanzas.
-¿Tú me admiras mucho, verdad? -preguntó el vanidoso al principito.
-¿Qué significa admirar?
-Admirar significa reconocer que yo soy el hombre más bello, el mejor vestido, el más rico y el más inteligente del planeta.
-¡Si tú estás solo en tu planeta!
-¡Hazme ese favor, admírame de todas maneras!
-¡Bueno! Te admiro -dijo el principito encogiéndose de hombros-, pero ¿para qué te sirve?
Y el principito se marchó.
"Decididamente, las personas mayores son muy extrañas", se decía para sí el principito durante su viaje.


Antoine de Saint Exupéry “El principito”

domingo, 24 de febrero de 2008

NANAS...

Una nana es una canción de cuna. Una melodía dulce que hace que los niños se tranquilicen y se duerman. Un ritmo suave y relajante que les arrulla hasta dejarlos plácidamente dormidos.

Hay una palabra francesa, berceuse, que significa a la vez nana y cuna. Los compositores clásicos adoptaron este nombre para varias de sus melodías. Chopin, Brahms, Liszt, compusieron algunas.

A lo largo de la vida hemos asociado nuestras tranquilidad, nuestro sosiego a oír ciertas canciones o músicas que nos sumergen en la paz, en el sueño.

El otro día mi hija se quedó extasiada, embriagada ante el ordenador, escuchando una canción. Aquella que le cantaba su madre cuando era muy pequeña: Aquarela, de Toquinho.

http://es.youtube.com/watch?v=tCmHhLMpgrc


Pienso que todos nosotros tenemos una canción que nos relaja, que nos para, que nos separa de la vida meciéndonos como si estuviéramos en la cuna. ¿Os acordáis de cuál es la vuestra?

En la poesía también encontramos nanas. Aquí os dejo alguna.


Nanas de la cebolla de Miguel Hernández.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

viernes, 22 de febrero de 2008

MIRAR A OTRO LADO...

Kevin Carter (Premio Pulitzer, 1994)

Mirar a otro lado…

Hay varias formas de mirar a otro lado.

Cuando nos informan de una calamidad y nos calma simplemente en pensarla lejos.

Cuando vamos por la calle y no queremos apreciar a un hombre que cae al suelo, o una anciana necesitada de fuerza.

Cuando el temor nos camufla el alma y nos convierte en cobardes de lo que nos rodea, como si no fuera con nosotros.

Cuando la visión de un accidente nos hace pensar que el auxilio es cosa de otros.

Cuando vemos el hambre en niños que no son nuestros y simplemente nos acostumbramos a verlos.

Cuando las tristes noticias del telediario nos crean capas de buen callo haciéndonos insensibles.

Cuando vemos la solución en manos de los otros.

Cuando solo pensamos en el “hay que hacer” pero nunca hacemos.

Y luego hay otra más extraña forma de mirar a otro lado. Esa que nos sirve para auto convencernos. Para ser los adalides más honestos de la razón que los demás, según nosotros, nunca tienen: “mi hijo no aprueba la asignatura porque le tienen manía…” , “mi hijo no miente nunca”, y muchas más.

¿Hay alguien que sepa cómo NO se mira a otro lado?

Buen finde.

martes, 19 de febrero de 2008

GENEROSIDAD...

La generosidad es un buen hábito que consiste en dar y entender a los demás. Y se manifiesta en tiempo, trabajo o dinero sin esperar nada a cambio, o alguna recompensa.

La tradición talmúdica nos habla de la generosidad con que Abel ofreció a Dios las mejores ovejas de su rebaño, por encima de la obligación con que Caín trató su ofrenda. Primer ejemplo donde nos damos cuenta de lo mal visto de este hábito.

La generosidad también la apreciamos en las cosas. Un vino generoso es el que es alto en graduación de alcohol. Pero es en las personas donde definimos una actitud.

Dicen que el generoso es bueno, humano, benevolente, noble, desinteresado… en resumen, difíciles características para apreciarlas en nuestra sociedad.

Y antes de leer a Cicerón, no me digáis si sois generosos, decidme si al menos, alguna vez lo han sido con vosotros…

"Conviene , por una parte ser generoso cuando se da y, por otra, no mostrar dureza en reclamar lo que nos deben, y en toda suerte de transacciones cuando vendemos, cuando compramos, cuando damos o recibimos un alquiler, en las relaciones de vecindad en la ciudad y en le campo, manifestarse ecuánime, afable, dispuesto a ceder en muchos casos de su propio derecho, manteniéndose siempre en lo posible y más que en lo posible alejados de los pleitos. Renunciar un poco al propio derecho no solamente es generosidad, sino muchas veces también ventajoso. Pero hay que tener en siempre en cuenta la hacienda familiar, porque ciertamente dejarla arruinar es algo vergonzoso; hay que proceder de forma que se eviten en todo momento las sospechas de avarientos y de miserables. El poder ser generoso, sin despojarse del patrimonio, es ciertamente el fruto mayor de la riqueza"

Cicerón 106 a.C. -43 a.C. (Fragmento de "Sobre los deberes")

domingo, 17 de febrero de 2008

GENIO...

- ¿A quién crees que te pareces más? – Le preguntó mi mujer a la niña.
-A mi padre- contestó ella.
-¿Por qué?
-Porque mi padre tiene el mismo genio que el capitán Garfio. (Lo siento Tinkerbell)

Esta conversación fue verídica.

Dicen que los hijos heredamos ciertas características, innatas, de nuestros padres, otros dicen que sencillamente es un comportamiento educado después de muchos años de convivencia y otros que simplemente puede ser una casualidad en la construcción individual de la persona.

El caso es que mi hija, se parece a mí, y ya no físicamente. Y he podido comprobar que desde que era muy pequeña, había ciertas características que ya tenía, y una de ellas era el genio. Genio que no le dio tiempo a aprender y ya lo poseía.

Yo, he deseado durante años no parecerme a mi padre. No ser un padre como fue él aunque quizás llegue a serlo peor. Pero muchas veces pienso si la genética en el fondo te ha grabado, te ha definido, y la impronta no deseada puede yacer en mí. Claro que, mi hija puede que dentro de unos años, me vea como el peor ejemplo, ya sabéis que esos años, llegan, entre otras cosas, porque a nosotros nos llegaron.

Pero genio, también es un ser fantástico de la literatura semítica que en ocasiones atacaba el hombre y en otras le ayudaba.

“ En ese momento se oyó un fuerte ruido.

Era el brujo que hacia rodar una roca para bloquear la entrada de la cueva.

Una oscuridad profunda invadió el lugar, Aladino tuvo miedo. ¿Se quedaría atrapado allí para siempre? Sin pensarlo, recogió el anillo y se lo puso en el dedo. Mientras pensaba en la forma de escaparse, distraídamente le daba vueltas y vueltas.De repente, la cueva se lleno de una intensa luz rosada y un genio sonriente apareció.

-Soy el genio del anillo. ¿Que deseas mi señor?

Aladino aturdido ante la aparición, solo acertó a balbucear:

-Quiero regresar a casa.

Instantáneamente Aladino se encontró en su casa con la vieja lámpara de aceite entre las manos.Emocionado el joven narro a su madre lo sucedido y le entregó la lámpara…”.

(De Aladino y la lámpara maravillosa)


Venga, está bien. Un día es un día. ¿Qué deseo le pediríais al genio?

viernes, 15 de febrero de 2008

SUSPIROS...


El puente de los Suspiros esta muy cerca de la Plaza de San Marcos, en Venecia.

Sirve de unión, sobre el Rio di Palazzo, a la antigua prisión de la Inquisición y al Palacio Ducal. ¡Qué triste camino!

Es una estructura barroca, del siglo XVII, que da nombre a los suspiros de los prisioneros que desde aquí sentían por última vez la libertad.

El suspiro es una aspiración prolongada y profunda a la que sigue una espiración, que expresa pena o deseo…

Un suspiro también es un corto espacio de tiempo, al igual que también lo utilizamos para indicar que una persona es muy delgada. Suspiramos durante toda la vida impulsados por el alivio o la tristeza o el querer. Parece que se nos encoge el alma y se libera en la misma acción.

Podemos suspirar hasta que llegamos al último suspiro, luego, ya no hay más.

¿Recordáis por qué suspirasteis la última vez?




“Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?”

Bécquer.