
Era un muchacho patizambo, con amplia y torcida sonrisa, pelo revuelto y algo de tupé. No era muy alto, caminaba con la mirada hacia arriba como intentando dejar su barbilla por encima del hombro de los demás.
Se llamaba Enrique, aunque él rogaba que se le llamara Quique. Deambulaba siempre por la panda con ritmo determinado pero firme, con intereses ocultos que al final eran conocidos, movía piezas y personas como si de un juego se tratara y no dudaba mostrar falsos sentimientos y palabras si eso le ayudaba a llegar a su meta.
Mi amigo Javi y yo le llamábamos el hipócrita.
No le denominábamos así por representar cualidades deseadas, por intentar ser lo que no era, por moverse por el mundo como se movía, se lo llamábamos por esa peligrosa cualidad de fingir sentimientos que no tenía, de esa condición para representar el engaño con el fin de sus propósitos maquiavélicos.
Un hipócrita finge casi siempre por una falta de autoestima con la que se obliga a tener una imagen que desearía tener y nunca conseguirá, incrementando una característica de estos individuos, la autodecepción y la falta de honestidad.
El castellano viejo definía al hipócrita como aquel que pretende ser bueno pero sabe que no lo es.
Un hipócrita es un buen actor (del griego Hypocrites) y es algo que no admitiré.
El que condena la prostitución pero se va de putas, el que critica el fumar pero fuma, el que reprende una acción a los demás pero él la ejecuta, el que reprueba la acción de los trolls pero él es uno de ellos…
Qué asco me sigue dando esta gente…
Se llamaba Enrique, aunque él rogaba que se le llamara Quique. Deambulaba siempre por la panda con ritmo determinado pero firme, con intereses ocultos que al final eran conocidos, movía piezas y personas como si de un juego se tratara y no dudaba mostrar falsos sentimientos y palabras si eso le ayudaba a llegar a su meta.
Mi amigo Javi y yo le llamábamos el hipócrita.
No le denominábamos así por representar cualidades deseadas, por intentar ser lo que no era, por moverse por el mundo como se movía, se lo llamábamos por esa peligrosa cualidad de fingir sentimientos que no tenía, de esa condición para representar el engaño con el fin de sus propósitos maquiavélicos.
Un hipócrita finge casi siempre por una falta de autoestima con la que se obliga a tener una imagen que desearía tener y nunca conseguirá, incrementando una característica de estos individuos, la autodecepción y la falta de honestidad.
El castellano viejo definía al hipócrita como aquel que pretende ser bueno pero sabe que no lo es.
Un hipócrita es un buen actor (del griego Hypocrites) y es algo que no admitiré.
El que condena la prostitución pero se va de putas, el que critica el fumar pero fuma, el que reprende una acción a los demás pero él la ejecuta, el que reprueba la acción de los trolls pero él es uno de ellos…
Qué asco me sigue dando esta gente…


